José Bernardo Villarreal profesor de aerografía.

En la carrera 27 de Pasto, una fachada dejó de ser un muro silencioso y se convirtió en un mensaje visible de memoria, cultura y respeto al medio ambiente. Así es el mural instalado en la fachada de la Oficina de Instrumentos Públicos, una apuesta institucional que articula infraestructura, ciudad y expresión cultural.

La historia detrás del mural está marcada por la resiliencia. Durante las protestas sociales de 2021, esta oficina fue incendiada luego de que una ventana rota permitió que el fuego llegara al archivo interno. En 2022 se reconstruyó el edificio y se aprobó una fachada de chapa microperforada como medida de protección. Sin embargo, el desafío no era sólo técnico: una fachada blanca, en una avenida reconocida como epicentro de protestas sociales y culturales, corría el riesgo de convertirse en un lienzo improvisado para graffitis o mensajes ajenos al significado institucional.

Desde una perspectiva arquitectónica y urbana surgió una reflexión clave: la arquitectura no puede imponerse de manera invasiva ni ignorar su contexto. Al contrario, debes dialogar con él. Así nació la idea de integrar un mural con elementos culturales y simbólicos de Pasto, evitando imágenes polarizadoras y optando por una representación abstracta e identitaria.

El resultado es una fachada que no sólo protege el edificio, sino que también comunica, genera pertenencia y transforma el espacio público, destacó el artista José Villarreal, quien demostró que este mural puede convertir una herida urbana en una oportunidad: una alternativa diferente donde el arte se integra a la infraestructura y reconoce la memoria viva de la ciudad.